
La Encrucijada de la Iglesia Venezolana y su Rol Político
La Iglesia venezolana ha cambiado su postura política, alejándose de la defensa de la democracia.
Durante la década de los noventa, la Iglesia venezolana experimentó un notable cambio en su postura respecto a la política, alejándose de su tradicional defensa de la democracia y los derechos humanos. Este viraje fue ejemplificado en la figura del obispo Moronta, quien, a pesar de haber sido un firme defensor de la democracia en el pasado, se mostró más conciliador con el régimen del fallecido presidente Hugo Chávez. Los jesuitas, liderados por Arturo Sosa, también jugaron un papel fundamental al apoyar tanto la insurrección como la vía electoral del chavismo, lo que generó polémica y críticas tanto a nivel nacional como internacional.
El respaldo de la jerarquía católica a Chávez y sus políticas, en un contexto donde el país enfrentaba graves problemas de inflación, violencia y violaciones de derechos humanos, marcó un antes y un después en la relación entre la Iglesia y la política en Venezuela. Este apoyo se argumentó desde la necesidad de una solución a la crisis social, sin embargo, muchos fieles y observadores cuestionaron la legitimidad de estas decisiones, zanjando el debate sobre el verdadero papel de la Iglesia en un Estado profundamente dividido y en crisis.
Como afirmó el mismo Moronta en años recientes, "debemos reflexionar sobre la dirección que hemos tomado". La elección de posicionarse al lado de un gobierno autocrático dejó repercusiones en la confianza de los feligreses y en la credibilidad de la Iglesia en su conjunto, que ahora enfrenta el reto de restaurar la fe en su misión social y espiritual. Esta evolución refleja la complejidad de la política venezolana y la difícil tarea de las instituciones religiosas en un entorno polarizado y en constante cambio, según El Nacional.


