
23 años de prisión política en Venezuela: el dolor de los presos del 11 de abril
El legado de las injusticias por los hechos del 11 de abril de 2002 pesa sobre las familias de los presos políticos en Venezuela.
La historia de los agentes de la Policía Metropolitana (PM) condenados por los sucesos del 11 de abril de 2002 es un recordatorio del costo humano que implica la prisión política en Venezuela. Desde hace 23 años, estas injusticias han dejado huellas profundas en familias que han sido fragmentadas por el encarcelamiento de sus seres queridos. Muchos padres han muerto esperando un abrazo, mientras que una nueva generación crece sin conocer la libertad plena y sin poder reconocer a sus familiares arrastrados por años de detención arbitraria.
Los acontecimientos del 11 de abril de 2002, marcados por una crisis política y social que llevó a protestas masivas y un intento de golpe de Estado, han dejado latentes las heridas en la sociedad venezolana. A través del tiempo, la opresión y la represión sistemática por parte del Estado han intensificado el sufrimiento de las familias de los presos políticos, quienes viven en un contexto de temor constante ante las violaciones a los derechos humanos.
La larga condena de estos individuos refleja un sistema judicial que ha sido utilizado como herramienta de coerción, en lugar de una instancia de justicia. Como país, Venezuela necesita visibilizar estos casos para avanzar hacia una verdadera democracia y la restauración del estado de derecho. Este relato, como se ha informado, no es solo una cuestión de justicia, sino de dignidad humana y la búsqueda de verdad en medio del dolor.
Según Runrunes, es urgente que se impulse un compromiso tanto a nivel interno como por parte de la comunidad internacional, para poner fin a la persecución política y garantizar que los derechos de todos los ciudadanos sean respetados y protegidos.


