
La lucha entre la ciudad de Dios y la ciudad terrena en Venezuela
Exploramos la dualidad de la ciudad de Dios y la ciudad terrena según San Agustín en el contexto de la crisis venezolana.
En su obra mayor, La ciudad de Dios, San Agustín establece una distinción fundamental que puede aplicarse a varias realidades contemporáneas, incluida la situación política de Venezuela. Según el emperador de la teología, existen dos ciudades construidas sobre dos amores opuestos: la ciudad terrena, que germina del amor propio y que a menudo lleva al desprecio de Dios; y la ciudad de Dios, que se fundamenta en el amor divino y la búsqueda de la justicia.
Esta perspectiva cobra especial relevancia en el contexto venezolano, donde se observa una profunda crisis política y social que divide al país. La lucha por la democracia y la defensa de los derechos humanos contrastan con un régimen que se aferra al poder, a menudo en detrimento de la voluntad popular. La noción de una 'ciudad terrena' en este caso puede reflejar la opresión y la corrupción que han caracterizado al gobierno de Nicolás Maduro, mientras que la 'ciudad de Dios' representa la esperanza de un futuro mejor que anhelan muchos venezolanos, tanto dentro del país como en la diáspora.
Así, reflexionar sobre esta dualidad puede ayudar a entender las tensiones que marcan el día a día de los ciudadanos venezolanos. En tiempos de crisis, como el que vive el país, el llamado de la ciudad de Dios se vuelve un faro de esperanza y resistencia, mientras que la ciudad terrena, vinculada a intereses egoístas y corruptos, amenaza el bienestar colectivo. Esta visión filosófica se convierte en un recordatorio de que, en medio de la adversidad, siempre es posible luchar por un futuro más justo y solidario.
Estas cuestiones fueron abordadas en un reciente artículo de El Nacional.


